La artrosis de hombro es una patología degenerativa que afecta al cartílago de la articulación glenohumeral y provoca dolor, rigidez y la pérdida progresiva de la movilidad del hombro. Aunque es menos frecuente, por ejemplo, que la artrosis de rodilla o cadera, puede afectar de forma importante a la calidad de vida, especialmente cuando limita actividades del día a día como levantar el brazo, vestirse o realizar tareas que requieran mover el brazo por encima de la cabeza.
En mi práctica como traumatólogo especializado en hombro, es una patología que veo con frecuencia, especialmente en pacientes que consultan por dolor persistente y limitación funcional progresiva.
Conocer los síntomas de artrosis de hombro, causas y las opciones de tratamiento disponibles, nos permiten realizar un diagnóstico precoz y aplicar las medidas necesarias que ayuden a controlar el dolor y preservar la función de la articulación durante más tiempo.
¿Qué es la artrosis de hombro?
La artrosis es un proceso degenerativo progresivo caracterizado por la pérdida de calidad y grosor del cartílago articular, acompañado de cambios en el hueso subcondral y en el resto de estructuras de la articulación.
No se trata únicamente de un “desgaste”, sino de una alteración global del equilibrio biológico de la articulación, que condiciona su funcionamiento y su capacidad para soportar cargas de forma adecuada.
En el caso del hombro, la artrosis afecta principalmente a la articulación glenohumeral, formada por la cabeza del húmero y la cavidad glenoidea de la escápula. Se trata de una articulación con gran rango de movimiento y menor congruencia ósea que otras, lo que la hace especialmente dependiente del cartílago y de las estructuras estabilizadoras para funcionar correctamente.
A medida que el cartílago se deteriora, la superficie articular pierde su regularidad, aumenta la fricción durante el movimiento y aparecen cambios estructurales como la formación de osteofitos, la esclerosis ósea o, en fases más avanzadas, deformidad articular.
Este proceso no afecta únicamente al cartílago, sino también a la cápsula articular, la membrana sinovial y, en muchos casos, al manguito rotador, lo que influye directamente en la evolución de los síntomas y en las opciones de tratamiento disponibles.
Cómo se produce el desgaste del cartílago
El cartílago es un tejido resistente pero con una capacidad limitada de regeneración. Con el paso del tiempo, los movimientos repetitivos y las cargas que suelen soportar nuestras articulaciones, pueden provocar un desgaste progresivo.
A medida que ese cartílago pierde grosor y elasticidad, la superficie articular se vuelve irregular. Esto provoca que haya fricción durante el movimiento y puede desencadenar procesos inflamatorios que contribuyen a la aparición de dolor y rigidez.
Diferencia entre artrosis y otras causas del dolor de hombro
No todo el dolor de hombro se debe a la artrosis. Existen otras patologías frecuentes que también provocan molestias en la articulación, como la tendinitis del manguito rotador, la bursitis o las roturas tendinosas.
La principal diferencia es que la artrosis afecta directamente al cartílago y al conjunto de la articulación, mientras que en otras patologías suele implicar inflamación o lesión de los tendones y tejidos que rodean al hombro.
Síntomas de la artrosis de hombro
Los síntomas de la artrosis de hombro suelen aparecer de forma progresiva y varían según el grado de afectación articular, aunque no siempre de forma directa.
Dolor mecánico y dolor nocturno
El dolor es el síntoma más característico. En las fases iniciales suele ser un dolor mecánico que aparece al mover el brazo o al realizar determinados esfuerzos y que mejora con el reposo. En fases avanzadas el dolor se hace más persistente y puede aparecer incluso en reposo y por la noche, lo que suele indicar una afectación articular más significativa.
Rigidez y pérdida progresiva de movilidad
Otro síntoma característico es la rigidez del hombro, que se manifiesta como una limitación progresiva del rango de movimiento de la articulación.
Esta pérdida de movilidad afecta tanto a la movilidad activa como pasiva, lo que ayuda a diferenciarla de otras patologías del hombro de origen tendinoso. Suele iniciarse de forma leve y progresar con el tiempo, dificultando movimientos como elevar el brazo o rotarlo.
Limitación funcional en actividades cotidianas
A medida que la artrosis progresa, la limitación del hombro comienza a tener un impacto directo en la vida diaria del paciente.
Actividades habituales como vestirse, asearse, alcanzar objetos o realizar tareas laborales o deportivas pueden volverse cada vez más difíciles, especialmente en fases avanzadas. Esta pérdida de funcionalidad es uno de los principales motivos de consulta, ya que condiciona la autonomía y la calidad de vida.
Cómo evolucionan los síntomas con el tiempo
La evolución de la artrosis de hombro no es lineal ni igual en todos los pacientes. En fases iniciales, los síntomas suelen aparecer de forma intermitente y estar relacionados con la actividad, mientras que en estadios más avanzados pueden hacerse más persistentes y limitantes.
Un aspecto clave es que, en fases precoces, una valoración especializada permite identificar la patología y aplicar medidas dirigidas a controlar los síntomas, optimizar la función articular y adaptar la carga mecánica del hombro.
Aunque actualmente no existe un tratamiento capaz de revertir el desgaste del cartílago, sí es posible, en determinados casos, mejorar la calidad de vida y ralentizar la progresión clínica de los síntomas mediante un enfoque combinado que puede incluir fisioterapia, modificación de actividades, tratamiento farmacológico o infiltraciones intraarticulares de Ácido Hialurónico o PRP.
Causas de la artrosis de hombro
La artrosis de hombro no suele tener una única causa, sino que es el resultado de la combinación de distintos factores que afectan a la estructura y funcionamiento de la articulación.
Desde el punto de vista clínico, es útil diferenciar entre artrosis primaria y artrosis secundaria, ya que el origen del problema puede condicionar tanto la evolución como el tratamiento.
Artrosis primaria: envejecimiento y degeneración progresiva
La artrosis primaria es aquella que aparece sin una causa claramente identificable y se relaciona principalmente con el envejecimiento y el desgaste progresivo del cartílago articular.
Con el paso del tiempo, el cartílago pierde capacidad para resistir las cargas y sufre cambios en su estructura, lo que favorece su deterioro progresivo. Este tipo de artrosis es más frecuente en personas de edad media o avanzada y suele evolucionar de forma lenta.
No obstante, no se trata únicamente de un proceso de “desgaste”, sino de una alteración progresiva del equilibrio biológico de la articulación, en la que influyen factores como la genética, la carga mecánica y la calidad del tejido cartilaginoso.
Artrosis secundaria: cuando existe una causa identificable
La artrosis secundaria aparece como consecuencia de una alteración previa de la articulación que modifica su biomecánica normal y acelera el proceso degenerativo.
Entre las causas más frecuentes se encuentran:
- Lesiones previas, como fracturas o luxaciones del hombro
- Roturas del manguito rotador, especialmente cuando son crónicas o masivas
- Inestabilidad articular mantenida en el tiempo
- Sobrecarga mecánica repetitiva, tanto laboral como deportiva
- Alteraciones anatómicas que afectan a la congruencia articular
- Enfermedades inflamatorias o metabólicas
En estos casos, el problema no es solo el desgaste del cartílago, sino la alteración de la mecánica del hombro, lo que condiciona una distribución anómala de las cargas y favorece la progresión de la artrosis.
Lesiones previas, fracturas y luxaciones
Las lesiones del hombro pueden cambiar la mecánica normal de la articulación y favorecer la aparición de artrosis con el tiempo. Habitualmente, fracturas, luxaciones u otro tipo de lesiones importantes del manguito rotador pueden provocar alteraciones en la distribución de las cargas por parte de la articulación y acelerar el desgaste del cartílago provocando la artrosis.
Sobrecarga y actividad repetitiva
Las actividades laborales o deportivas que implican movimientos repetitivos del hombro o esfuerzos continuados pueden contribuir al desgaste de la articulación. Este factor es más importante en determinadas profesiones manuales o en deportes que requieran realizar movimientos por encima de la cabeza (gestos overhead).
Factores anatómicos y enfermedades asociadas
Determinadas características anatómicas del hombro y algunas enfermedades pueden predisponer al desarrollo de artrosis al alterar la biomecánica normal de la articulación.
Entre los factores anatómicos, destacan las alteraciones en la forma o orientación de la glenoides, la incongruencia articular o las variaciones estructurales que condicionan una distribución anómala de las cargas.
Asimismo, algunas enfermedades pueden acelerar el proceso degenerativo, como las patologías inflamatorias (por ejemplo, artritis reumatoide), las alteraciones metabólicas que afectan al cartílago o procesos como la necrosis avascular de la cabeza humeral.
En estos casos, la artrosis no se desarrolla únicamente por el paso del tiempo, sino por un entorno articular desfavorable, lo que puede condicionar una evolución más rápida y requerir un enfoque terapéutico específico.
Cómo se diagnostica la artrosis de hombro
El diagnóstico de la artrosis de hombro se basa en la combinación de la historia clínica, la exploración física y las pruebas de imagen, que permiten confirmar el grado de afectación articular y descartar otras causas de dolor de hombro.
Un diagnóstico preciso es fundamental, ya que no todas las limitaciones del hombro se deben a artrosis y el tratamiento puede variar de forma significativa en función del origen del problema.
Exploración clínica
Durante la consulta, el traumatólogo realiza una exploración física dirigida a evaluar el rango de movilidad, el dolor y la funcionalidad del hombro.
Uno de los aspectos más relevantes es la valoración de la movilidad activa y pasiva, ya que en la artrosis ambas suelen estar limitadas. Este hallazgo ayuda a diferenciarla de otras patologías del hombro, como las lesiones del manguito rotador, donde la movilidad pasiva puede estar conservada.
Además, se valoran signos clínicos como el dolor a la movilización, la crepitación articular o la pérdida de fuerza asociada, que orientan hacia el diagnóstico.
Pruebas de imagen
La radiografía simple suele ser la prueba inicial de elección, ya que permite evaluar el espacio articular, la presencia de osteofitos y otros signos característicos de artrosis.
En función de los hallazgos clínicos, puede ser necesario completar el estudio con una resonancia magnética, especialmente cuando se sospecha afectación del manguito rotador u otras estructuras periarticulares que puedan influir en el tratamiento.
En algunos casos seleccionados, la ecografía puede ser útil como herramienta complementaria en la valoración dinámica de los tejidos blandos del hombro.

Importancia del diagnóstico diferencial
No todo dolor de hombro ni toda limitación de movilidad se deben a una artrosis. Existen múltiples patologías que pueden presentar síntomas similares, como las lesiones del manguito rotador, la capsulitis adhesiva o la bursitis subacromial.
Diferenciar correctamente entre estas entidades es fundamental, ya que el tratamiento varía de forma significativa en cada caso. Por ejemplo, una limitación de la movilidad con conservación de la movilidad pasiva puede orientar hacia una patología tendinosa, mientras que la restricción tanto activa como pasiva es más característica de procesos articulares como la artrosis.
Un diagnóstico preciso permite evitar tratamientos innecesarios o ineficaces y establecer una estrategia terapéutica adecuada desde el inicio.
Tratamiento de la artrosis de hombro
El tratamiento de la artrosis de hombro debe individualizarse en función del grado de afectación articular, la intensidad de los síntomas y las necesidades funcionales de cada paciente.
En la mayoría de los casos, el abordaje inicial es conservador y está orientado a controlar el dolor, mejorar la movilidad y optimizar la función del hombro, con el objetivo de mantener la calidad de vida y retrasar la progresión clínica de los síntomas.
Tratamiento conservador inicial
Las primeras medidas incluyen la modificación de actividades, el control de la carga sobre la articulación y el tratamiento farmacológico orientado a aliviar el dolor.
El objetivo en esta fase no es únicamente reducir los síntomas, sino evitar situaciones de sobrecarga que puedan acelerar la progresión clínica y limitar la funcionalidad del hombro.
Fisioterapia y rehabilitación
La fisioterapia desempeña un papel fundamental en el tratamiento de la artrosis de hombro, siempre que esté correctamente indicada y adaptada a la fase de la enfermedad.
Los programas de ejercicio terapéutico permiten mejorar la movilidad, mantener la fuerza muscular y optimizar la biomecánica del hombro, reduciendo así la sobrecarga sobre la articulación.
Una planificación adecuada de la rehabilitación puede contribuir a mantener la funcionalidad del brazo durante más tiempo y mejorar la evolución clínica del paciente.

En nuestro caso, contamos con el refuerzo de Clínica Reactiva en la que nuestros fisioterapeutas y yo trabajamos en conjunto para diseñar planes de rehabilitación individualizados, ajustados al diagnóstico y a la fase evolutiva de cada paciente.
Infiltraciones y tratamiento del dolor
Cuando el dolor persiste a pesar de las medidas conservadoras, puede ser necesario valorar tratamientos intervencionistas como las infiltraciones intraarticulares, siempre indicadas de forma individualizada según el tipo y el estadio de la artrosis.
Las infiltraciones pueden tener como objetivo modular la inflamación y mejorar la sintomatología, permitiendo recuperar funcionalidad y facilitar la rehabilitación en determinados pacientes.
En este contexto, existen diferentes opciones terapéuticas. El ácido hialurónico puede contribuir a mejorar las propiedades mecánicas de la articulación, mientras que las terapias biológicas, como el plasma rico en plaquetas (PRP) están orientadas a modular el entorno biológico y la respuesta inflamatoria articular.
La elección de una u otra técnica depende del perfil del paciente, el grado de afectación articular y la respuesta a tratamientos previos, por lo que debe realizarse siempre tras una valoración médica especializada.
Cirugía y prótesis de hombro
El tratamiento quirúrgico de la artrosis de hombro consiste, en la mayoría de los casos, en la implantación de una prótesis, cuyo objetivo es sustituir las superficies articulares dañadas, aliviar el dolor y recuperar la función del hombro.
No obstante, no todas las artrosis de hombro son iguales, y es fundamental diferenciar el tipo de afectación para elegir la técnica quirúrgica más adecuada.
Cuando la artrosis afecta a la articulación glenohumeral —es decir, a la unión entre la cabeza del húmero y la cavidad glenoidea de la escápula— se habla de artrosis glenohumeral, que puede ser:
- Primaria, cuando aparece sin una causa clara
- Secundaria, como consecuencia de fracturas, luxaciones u otras alteraciones previas de la articulación
En estos casos, siempre que el manguito rotador esté conservado, el tratamiento de elección suele ser una prótesis anatómica de hombro, que reproduce la anatomía normal de la articulación.
Sin embargo, existe una situación diferente conocida como artropatía del manguito rotador (una forma de artrosis secundaria), en la que se produce una rotura masiva e irreparable del manguito asociada a degeneración articular.
En estos casos, al no existir un manguito rotador funcional(enlace a rotura del manguito rotador), se utilizan prótesis invertidas de hombro, diseñadas para modificar la biomecánica de la articulación y permitir la elevación del brazo sin depender del manguito rotador.


Por tanto, la elección del tipo de prótesis no depende únicamente del grado de artrosis, sino del estado de las estructuras del hombro, especialmente del manguito rotador, lo que hace imprescindible una valoración especializada previa.
Evolución y pronóstico
La evolución de la artrosis de hombro es variable y depende no solo del grado de desgaste articular, sino también del tipo de artrosis (primaria o secundaria) y del estado de las estructuras del hombro, especialmente del manguito rotador.
En muchos casos, los síntomas pueden mantenerse estables durante años si se realiza un manejo adecuado. Sin embargo, cuando existe una alteración significativa de la biomecánica del hombro, la progresión puede ser más rápida y condicionante desde el punto de vista funcional.
Por este motivo, una valoración especializada permite no solo confirmar el diagnóstico, sino también anticipar la evolución y orientar el tratamiento en cada fase de la enfermedad.
Factores que influyen en la recuperación
La evolución clínica de la artrosis de hombro no depende únicamente del tratamiento aplicado, sino de una combinación de factores que influyen directamente en la función de la articulación.
Entre los más relevantes se encuentran:
- El tipo de artrosis y su origen (primaria o secundaria)
- El estado del manguito rotador
- El grado de limitación funcional
- La adherencia al tratamiento y a la rehabilitación
- El nivel de actividad y la gestión de las cargas sobre el hombro
Un abordaje adecuado, que combine tratamiento médico, fisioterapia y adaptación de la actividad, puede mejorar la calidad de vida del paciente y optimizar la evolución clínica, aunque no revierta el desgaste articular existente.
Preguntas frecuentes sobre la artrosis de hombro
¿Cuáles son los primeros síntomas de la artrosis de hombro?
Los primeros síntomas suelen ser dolor al mover el brazo, especialmente al levantarlo o realizar ciertos esfuerzos, junto con la rigidez progresiva en la articulación.
En fases iniciales, estos síntomas pueden aparecer de forma intermitente y pasar desapercibidos, lo que retrasa el diagnóstico en muchos pacientes.
¿La artrosis de hombro siempre provoca dolor constante?
No necesariamente. En las fases iniciales, el dolor suele ser de tipo mecánico, apareciendo con la actividad y mejorando con el reposo.
Con la progresión de la enfermedad, el dolor puede hacerse más persistente e incluso aparecer en reposo o durante la noche, lo que suele indicar una mayor afectación articular.
¿Qué tratamiento es más eficaz para el dolor por artrosis de hombro?
El tratamiento depende del grado de artrosis y de las características de cada paciente. Habitualmente se inicia con medidas conservadoras como fisioterapia, control de la carga y tratamiento farmacológico.
En casos seleccionados, pueden indicarse infiltraciones intraarticulares o terapias biológicas. Cuando estas medidas no son suficientes, es necesario valorar otras opciones como el tratamiento quirúrgico.
¿Cuándo es necesaria una operación o prótesis de hombro?
La cirugía se plantea cuando el dolor es persistente, limita de forma significativa la vida diaria y no responde a tratamientos conservadores bien realizados.
En estos casos, la implantación de una prótesis de hombro permite aliviar el dolor y mejorar la función, siempre que la indicación sea adecuada y se adapte al tipo de artrosis y al estado del manguito rotador.
¿Cuándo acudir al traumatólogo?
Es recomendable acudir a un traumatólogo especializado en hombro cuando el dolor persiste durante varias semanas, limita las actividades cotidianas o se asocia a rigidez progresiva.
También es importante consultar cuando el dolor aparece en reposo o durante la noche, o cuando no mejora a pesar de haber realizado tratamiento conservador.
Una valoración especializada permite realizar un diagnóstico preciso, diferenciar la artrosis de otras patologías del hombro y establecer el tratamiento más adecuado en cada caso.
Como traumatólogo especialista en hombro y miembro superior, considero importante realizar un correcto diagnóstico que descarte otras enfermedades o lesiones y confirme si existe artrosis. Elegir el tratamiento más adecuado para aliviar los síntomas según la fase de la enfermedad es primordial.
Si necesitas una evaluación médica para tu lesión, puedes solicitar una consulta en Murcia llamando aquí o escribiéndonos por WhatsApp.




