Rizartrosis o artrosis del pulgar en Murcia

La rizartrosis es una forma de artrosis que afecta a la base del pulgar, en la articulación trapeciometacarpiana. Esta enfermedad degenerativa provoca un desgaste progresivo del cartílago articular, lo que con el tiempo puede generar deformidad, dolor e incluso una limitación importante de la función del pulgar. Es la segunda localización más frecuente de artrosis en la mano, y también se la conoce como artrosis de la base del pulgar.

¿Cuál es la causa de la rizartrosis?

Aunque la causa exacta de la rizartrosis no se conoce con certeza, sí sabemos que existen factores que aumentan significativamente el riesgo de desarrollarla. Entre ellos se encuentran los factores hereditarios, el desgaste progresivo del cartílago en la base del pulgar y ciertas condiciones que incrementan la carga sobre esta articulación.

Es más frecuente en mujeres, especialmente entre los 50 y 60 años. Sin embargo, también puede presentarse en personas más jóvenes, sobre todo en aquellas que realizan movimientos repetitivos o de alta carga con el pulgar, como ocurre en ciertos deportes (tenis, pádel, golf, etc.) o profesiones (músicos, dentistas, enfermeras, costureras, mecánicos, electricistas, trabajadores de limpieza, cocineros, pasteleros, fisioterapeutas, masajistas, operarios de fábricas, etc.).

Todos estos factores pueden acelerar la degeneración de la articulación trapeciometacarpiana, favoreciendo la aparición de la enfermedad.

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Síntomas de la rizartrosis

La rizartrosis suele manifestarse con dolor en la base del pulgar, que en ocasiones irradía hacia el borde radial de la muñeca o todo el dedo. Es un dolor mecánico, que empeora con el uso y mejora en reposo, aunque en fases avanzadas puede persistir en reposo o incluso por la noche.

Uno de los síntomas más característicos es el dolor al realizar la pinza, es decir, al sujetar objetos entre el pulgar y los dedos. Actividades tan comunes como abrir una botella, girar una llave, abrochar un botón o sostener una taza pueden resultar dolorosas o imposibles. Es frecuente que los objetos se caigan de las manos debido al dolor o a la pérdida de fuerza y estabilidad.

En casos más avanzados, puede observarse deformidad visible en la base del pulgar, pérdida de movilidad y sensación de inestabilidad articular, especialmente al hacer fuerza con la pinza. Estos síntomas afectan de forma significativa la autonomía y calidad de vida del paciente.

Dedo en resorte

Cómo se diagnostica

El diagnóstico se basa en una exploración clínica detallada y una radiografía simple en dos proyecciones (anteroposterior y oblicua).

Durante la exploración, suele aparecer dolor a la compresión de la articulación trapeciometacarpiana y al realizar maniobras como la prueba de Grind, que reproduce el dolor con la rotación del primer metacarpiano.

La radiografía permite valorar el grado de degeneración del cartílago, la presencia de osteofitos, pinzamiento articular o incluso subluxación del metacarpiano. Sin embargo, es importante destacar que la imagen radiológica no siempre se correlaciona con la intensidad del dolor: hay pacientes con imágenes muy avanzadas y pocos síntomas, y otros con dolor severo pese a hallazgos leves.

Dedo en resorte

Grados de la Rizartrosis

La rizartrosis se clasifica en diferentes estadios basados en la progresión de la enfermedad, según la clasificación de Eaton y Glickel, que es la más utilizada. Esta clasificación se divide en cuatro estadios, evaluados a través de radiografías.

Grado 1

Cambios mínimos en la articulación. Puede observarse un ligero ensanchamiento del espacio articular debido a la inflamación sinovial. El espacio articular está preservado, sin signos de destrucción ósea.

Grado 2

Se observa un estrechamiento del espacio articular junto con esclerosis subcondral (endurecimiento del hueso debajo del cartílago). Aparición de osteofitos (pequeños espolones óseos) menores de 2 mm y un espacio articular reducido, pero sin subluxación.

Grado 3

Progresión significativa de la enfermedad con mayor reducción del espacio articular y osteofitos más grandes. Osteofitos mayores de 2 mm, espacio articular severamente reducido o incluso desaparecido, y subluxación (desplazamiento parcial) de la articulación.

Grado 4

Destrucción avanzada de la articulación trapeciometacarpiana, a menudo con afectación de la articulación escafo-trapecio-trapezoide. Colapso completo del espacio articular, grandes osteofitos y daño extendido a las articulaciones adyacentes, con subluxación o luxación completa.

Tratamientos conservadores

En estadios iniciales el reposo, el calor local, los analgésicos y el uso de ortesis o férulas pueden aliviar la sintomatología. En casos que no respondan al tratamiento anterior puede iniciarse fisioterapia en pos de aliviar el dolor y mejorar la funcionalidad de la articulación.

Tratamientos con infiltraciones

En casos en los que el tratamiento conservador no resulta suficiente, algunos especialistas proponen infiltraciones con corticoides. Sin embargo, no solemos recomendar su uso rutinario, ya que aunque pueden aliviar temporalmente el dolor, su efecto es limitado y pueden producir efectos secundarios como atrofia grasa, hipopigmentación o daño tendinoso. Además, existe evidencia de que podrían acelerar la degeneración de la articulación si se usan de forma repetida.

Por este motivo, reservamos las infiltraciones con corticoides para casos muy seleccionados y bajo criterios clínicos claros.

Las infiltraciones con ácido hialurónico han mostrado resultados variables. Aunque no forman parte del tratamiento estándar en todos los casos, podrían tener utilidad en algunos pacientes, especialmente en fases iniciales o cuando otras opciones no son viables.

En los últimos años, las infiltraciones con Plasma Rico en Plaquetas (PRP) están mostrando resultados prometedores en algunos estudios. Aunque todavía necesitamos más evidencia a largo plazo, en nuestra práctica hemos tratado casos seleccionados con esta técnica y hemos observado una buena evolución clínica en muchos de ellos.

¿Dolor en la base del pulgar?

Operación de rizartrosis o artrosis del pulgar

Cuando los tratamientos conservadores no son suficientes, la cirugía se convierte en la mejor opción para recuperar la funcionalidad y aliviar el dolor en la base del pulgar.
En nuestro centro, seleccionamos la técnica más adecuada según la edad, el grado de afectación y las necesidades funcionales de cada paciente.

De todas las técnicas disponibles, en nuestro centro usamos básicamente 2: la suspensoplastia con implante y la prótesis trapeciometacarpiana que cada vez indicamos más ampliamente debido a sus buenos resultados.

En pacientes jóvenes y activos usamos la suspensoplastia con implante y en pacientes con menor demanda funcional usamos la prótesis.

En algunos casos seleccionados de pacientes jóvenes también usamos la artroscopia trapeciometacarpiana.

Técnicas

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Suspensoplastia con implante

La ligamentoplastia-suspensoplastia de Burton-Pellegrini y de Weilby son las técnicas clásicas y con las que se comparan todas las demás. Consisten en realizar la extirpación de trapecio (hueso de la base de la articulación) y la suspensión del primer metacarpiano (hueso del pulgar) mediante un injerto tendinoso, generalmente hemitendón del Palmar Mayor. En el caso del Burton-Pellegrini se pasa a través de un túnel óseo en el metacarpiano y en el caso del Weilby, se estabiliza realizando una lazada con los tendones vecinos, el propio FCR o Palmar Mayor y el Abductor Largo del Pulgar (APL).

Nosotros realizamos una modificación de la técnica de Weilby para realizar la suspensión del metacarpiano. Se trata de la suspensoplastia con implante que tiene la ventaja que no tenemos que coger injerto del tendón del paciente, ya que en su lugar usamos un implante para suspender el metacarpiano, bien de metal o bien todo sutura. Actualmente se están usando otros dispositivos como arpones de sutura o tornillos interferenciales con suturas de alta resistencia para realizar la suspensoplastia.

El usar un implante nos da la ventaja de evitar las complicaciones y las molestias derivadas de la toma del injerto. Por otro lado, nos permite ser conservadores a la hora de la resección del trapecio, pudiendo realizar en los casos indicados, la resección de sólo la mitad del trapecio (hemitrapecectomía) consiguiendo preservar la mayor parte de la anatomía de la articulación.

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Prótesis total trapeciometacarpiana

Existen diferentes modelos de prótesis para la articulación trapeciometacarpiana. Desde hemiartroplastias (sustituir una de las superficies articulares) a artroplastias totales (sustituir todas las superficies articulares).

Nosotros empleamos las prótesis totales de doble movilidad.

La prótesis comenzaron a implantarse en la década de los 70 con los diseños de L’Caffiniere. Eran prótesis que tenían la ventaja de que la recuperación que conseguían era muy rápida, pero tenían el inconveniente que, en personas muy activas con mucha demanda funcional, se luxaban con facilidad. Estos diseños se fueron perfeccionando para ir disminuyendo las tasas de luxación hasta que se consiguieron reducir al 10%. Este porcentaje, aunque parezca pequeño, representa el fallo de 1 de cada 10 implantes y era por este motivo por el que no nos terminaba de convencer este método.

Recientemente se han diseñado las prótesis de doble movilidad que tienen la ventaja de que reducen muy por debajo de ese 10% los episodios de luxación y hay series publicadas con supervivencia de los implantes durante muchos años. Por este motivo, hemos retomado el uso de las prótesis trapeciometacarpianas de doble movilidad que solemos indicarlas en personas de más edad con menor demanda funcional.

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Artroscopia

La artroscopia es una técnica novedosa que utiliza una óptica de 1,9mm o 2,4mm para visualización articular y herramientas de 2mm para intervenir, abriendo solo dos portales de 3mm. Ofrece una recuperación rápida, sin hospitalización y cicatrices estéticas.

Permite el retensado térmico de ligamentos y estabilización percutánea del metacarpiano (suspensoplastia con implante). Aunque es una técnica exigente y aumenta el tiempo quirúrgico en 30-40 minutos, no se indica de manera generalizada, debido a que los resultados con la cirugía abierta en nuestra experiencia son comparables a los obtenidos mediante artroscopia e intentamos reducir el tiempo quirúrgico en la medida de los posible.

Reservamos la artroscopia para casos de rizartrosis con artrosis STT o en pacientes jóvenes con más inestabilidad que artropatía. 

¿Cómo es la operación y el postoperatorio?

La cirugía para la rizartrosis se realiza normalmente con anestesia locorregional y no requiere ingreso hospitalario.

Tras la intervención, se coloca una férula o inmovilización durante 2 a 3 semanas para proteger la articulación.

En muchos casos, la movilidad del pulgar comienza a recuperarse de forma espontánea en los primeros 15-20 días, sin necesidad inmediata de fisioterapia.
Cuando es necesario, la rehabilitación se inicia después de retirar la inmovilización, con ejercicios progresivos para recuperar fuerza y función.

La reincorporación a las actividades cotidianas suele producirse entre la 4ª y la 6ª semana, dependiendo del tipo de cirugía realizada y del perfil del paciente.

En términos de recuperación, la prótesis trapeciometacarpiana permite una reincorporación más rápida a la vida diaria, con buenos niveles de funcionalidad en apenas 4-5 semanas.
En cambio, la suspensoplastia con implante requiere un periodo de recuperación más largo, que puede extenderse entre 6 y 12 semanas, especialmente en pacientes con alta demanda funcional.

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Preguntas frecuentes sobre la rizartrosis

Los síntomas más comunes de la rizartrosis son dolor, inflamación, debilidad y rigidez para realizar la pinza del pulgar con el dedo índice.

La rizartrosis se produce por el desgaste progresivo del cartílago en la base del pulgar. Las causas más frecuentes incluyen factores hereditarios, uso excesivo de la articulación por trabajos manuales o deportes, y traumatismos previos en la zona.

El diagnóstico de la rizartrosis se basa en la historia clínica del paciente, un examen físico y la evaluación mediante radiografía simple en dos proyecciones.

El tratamiento de la rizartrosis depende del grado de afectación. En fases iniciales, se recomiendan medidas conservadoras como la fisioterapia, el uso de ortesis, analgésicos o antiinflamatorios. Si no hay mejoría o la afectación es avanzada, puede ser necesario recurrir a una intervención quirúrgica, como la suspensoplastia o la colocación de una prótesis trapeciometacarpiana. Un diagnóstico precoz es clave para preservar la movilidad y evitar el avance de la enfermedad.

Aunque no siempre se puede prevenir, sí es posible reducir el riesgo con ciertos hábitos: mantener una buena fuerza y movilidad en la mano, evitar sobrecargas repetitivas del pulgar, proteger la articulación frente a lesiones y llevar un estilo de vida saludable. En personas con factores de riesgo, el uso de ortesis preventivas y ejercicios específicos puede ser útil.

Una vez que la articulación se ha degenerado, no existe ningún tratamiento farmacológico o conservador capaz de revertir ese desgaste. Sin embargo, contamos con tratamientos que permiten controlar el dolor, mejorar la funcionalidad y frenar la progresión de la enfermedad durante mucho tiempo.

Cuando estas medidas dejan de ser efectivas, la cirugía se presenta como la opción más eficaz y duradera para recuperar la movilidad, corregir la deformidad y eliminar el dolor.

Consultar con un traumatólogo especializado en mano y miembro superior es clave para valorar el mejor momento para intervenir, especialmente si se detecta en fases iniciales.

Experiencias exitosas de nuestros pacientes

Traumatólogo con certificado de excelencia en Doctoralia en 2025

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Dr. Pedro Sánchez Angulo
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